19 de noviembre de 2007

La serpiente, mala, malísima.

Miró hacia un lado, miró hacia el otro y creyendo que nadie le veía mordió con ansia la arriesgada manzana de la vida eterna que colgaba deliciosa del “Árbol de la ciencia del bien y del mal". La serpiente cizañera y chismosa, a la que nada escapaba de su vigilancia en el Edén, representó el pecado. De la emoción de la primicia, movió la cola que sorpresivamente asomó entre los tulipanes.
Asustado y consciente del peligro que corría, Adán agarró a la serpiente por el cuello hasta casi estrangularla.
Ante las súplicas y quejidos del rastrero reptil, Adán le dio un respiro.
“Hagamos un trato”, suplicó casi sin voz la serpiente,”si me dejas escapar seré tu cuartada. Juraré por Satanás que fue Eva la que mordió el fruto prohibido. De lo contrario, tendrás que demostrar tu inocencia. Sin mi, sólo tienes el cincuenta por ciento de de salir indemne. Conmigo el cien por cien”. Y fue así como Adán se libró de los dolores de la preñez y el parto.

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10 de octubre de 2007

Caminante, no hay zapatos

Fueron abandonados, sin compasión, en la puerta del bar. Allí se quedaron inmóviles, estancados, silenciosos. ¡ Con lo que ellos habían sido ! Desde que se estrenaron en la boda de Rogelio habían recorrido cientos de kilómetros, habían visitado lugares inhóspitos y vivido insospechados sucesos. Habían estado en el fútbol, en los toros, en hospitales, en el campo, en el río, celebraciones, huidas desesperadas y algún que otro entierro y por supuesto lugares indecentes...
Ahora estaban allí, impacientes, imposibilitados, a la espera de su nuevo destino. Por suerte se tenían el uno al otro. Desde que salieran de la fábrica, nunca se habían separado. Bueno, algún alejamiento fortuito, uno detrás del armario y el otro debajo de la cama... pero al final, siempre juntos.
¿Quién los calzaría? ¿Qué nueva forma adoptarían? ¿Qué les quedaba por ver?
Eran realistas y sabían que unos zapatos viejos, fabricados en cadena no podían tener un esperanzador destino. ¡ Si al menos fueran lujosos italianos o que decir de unos lustrosos Crockett & Jones o inclusive unos Sebago!... pero no eran más que unos simples y escuetos zapatos negros fabricados en el sur de China para ser importados a Europa en un contendor y vendidos en una zapateria de barrio. Esperaban lo peor. Caer en los pies de un vendedor ambulante, un bailarín desquiciado, un cobrador de seguros o un sucio chatarrero.

Quiso el destino que, cuando casi estaban desfallecidos y deshidratados, un parroquiano los metiera en una bolsa del Carrefour. Tras un viaje asfixiantes e interminable de aproximadamente una hora se encontraron sobre una montaña de ropa y zapatos usados. Creyeron lo peor: Auschwitz. Esperaban aterrados el momento de la incineración.
Tras un baño de betún fueron metidos en una gran caja esta vez llena solo de zapatos: elegantes, informales, chanchas, botas, zuecos... Se hizo la oscuridad. Durante días todo era negro. Por fin la luz los cegó. El sol quemador de Ghana.

No tardaron en estar chutando una pelota recosida de cuero y corriendo por una tierra seca y árida. En principio se sintieron muy desanimados. Desde luego ellos no fueron fabricados para semejante uso.
Aunque no eran distinguidos ¡ eran de piel! A los dos días descubrieron que fue lo mejor que les había pasado en su existencia. Nunca antes habían estado mejor cuidados y mimados. Aquellos zapatos, que ya eran piel de jubilado, adquirieron un nuevo brillo. Se sintieron por primera vez útiles, queridos, valorados, admirados. No temieron ser sustituidos a las primera de cambio o con el primer golpe de calor. No les asustaba la idea de ser abandonados en un cajón sucio, sin ventilación y maloliente todo el verano.

Los ojos de muchacho que los calzaba resplandecían de orgullo y gratitud. Despacio y casi con un ritual limpió cuidadosamente los zapatos. No podía dejar de sonreír. Aquella mañana, por primera vez en su corta vida, fue al colegio con sus magníficos zapatos y los zapatos, por primera vez, fueron al colegio.

Foto cedida por zoom35mm

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27 de septiembre de 2007

¡ Cayó el telón !

Abatida y con el cuerpo semidesnudo finalizó el último acto la Actriz. ¡ Cayó el talón ! Entre tímidos aplausos los vivos colores del decorado se fueron tornando en una sucesión de grises que se difuminaron en el negro más lúgubre jamás visto. Se vacío el palco, enmudeció el teatro. La Artista, todavía en escena, se cubrió de luto y guardó el sombrero en la valija. Dramática, como solo ella sabía interpretar, se encaminó a su camerino.
Tras sus pasos, una sombra disfrazada de corriente de aire cerró la puerta. Minutos después, por debajo de la puerta avistó un arrugado papel escrito inequívocamente con pulso tembloroso: "Se consumió el encanto como se extingue el verano con las primeras nevadas, se evaporará la gloria con el olvido... y el Arte, esa quimera que nunca alcanzaste, permanecerá intacto después ti". El celador encontró su cadáver cinco horas más tarde impecablemente maquillado.

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19 de junio de 2007

Disparos

Tres, dos, uno, cero ... PUMM, PUMM, PUMM varias explosiones retumbaron en los pasillos de la Facultad de Derecho. Cadáveres rodaron escaleras abajo. La sangre de quimera intelectual, de prometedores abogados, jueces y magistrados manchaba las baldosas recientemente pulidas, mientras los revólveres de sus padres yacían en el segundo cajón de la mesita de noche, todavía humeantes.

dicho en 61 palabras

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18 de junio de 2007

Pérdida de cordura

De repente George Bush en el estrado, con los ojos brillantes y la voz temblorosa dijo visiblemente emocionado...

“Yo, George Walker Bush , presidente de los Estados Unidos de América maldigo la guerra y todos los que provocan y hacen la guerra”...

Como cautivado, reitero la misma frase hasta siete veces seguidas.
Los senadores enmudecieron. Se miraron sin entender absolutamente nada. Bush se quedó durante unos interminables minutos cabizbajo y en silencio... Nadie se atrevió siquiera a respirar esperando una reacción del presidente.
El presidente levantó la cabeza y con voz firme siguió su discurso:


“Muchos de nuestros soldados están escuchando esta noche. Y deseo que ustedes y sus familias sepan: Estados Unidos se enorgullece de ustedes. Y mi gobierno les darán los recursos que necesitan para librar y ganar la guerra contra el terrorismo”...

Ahora sí, el Congreso estalló en un ensordecedor aplauso.

dicho en 147 palabras

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16 de junio de 2007

La mitad

Esta mañana temprano he descubierto que la mitad de mi cuerpo ignoraba a la otra mitad. Apenas una mirada, un roce o una caricia.

A media mañana, la mitad del cuerpo seguía sin mostrar la más mínima intención de acercarse a la otra, la ha seguido evitando. No he querido darle importancia y le he dado la oportunidad que da la madre al berrinche de un niño caprichoso, aunque la situación era molesta.

En la oficina, sentada, la mitad no ha jugueteado con el pie como otras veces, o se ha enredado las piernas haciendo un nudo…
La otra mitad, sin entender nada ha estado mirándome durante toda la tarde impasible, con el mismo gesto confuso que yo.

Ya en la noche, la mitad de mi cuerpo seguía con esa absurda actitud. Entonces la otra mitad, en actitud conciliadora, le ha buscado, le ha acariciado como tanto le gusta, como no recordaba, le ha rozado los dedos casi sin tocarlos, le ha calentado el pie frío… la ingrata de la otra mitad no ha reaccionado y se ha dormido.

He tenido que tomar cartas en el asunto. Le he besado tiernamente, le he acariciado el cuello mientras le susurraba al oído la maravilla de sentir su piel tan cerca, se he estremecido, le he besado la comisura de los labios sin dejarle mediar palabra, le he acariciado el pecho jugueteando con el pezón erecto, he descrito con mi lengua la curva de sus cadera, la profundidad de su ombligo, sus hombros su cuello… Por fin, la mitad enojada se ha unido al erótico juego y juntas hemos dibujado la espalda una y otra vez, hemos construido los pechos, hemos recorrido con la boca el vientre, las nalgas, las rodillas, los pies para volver a subir lentamente por las piernas. De viaje de vuelta y a la altura de las rodilla, la otra mitad se ha unido… ha cogido sutilmente la otra mano y la guiado hasta la entrepierna para notar la humedad...

Las dos partes de mi cuerpo, por fin, se han unido para mimarme, las dos manos ávidas han coqueteado con mi sexo acrecentando mi deseo, me han acariciado como nunca nadie me ha acariciado, han tocado mi sexo con el conocimiento de la ignorancia. Y como una pareja de baile de salón hemos danzado al mismo son, una melodía progresiva, rítmica, lenta, veloz. Durante unos segundos creo haber perdido el conocimiento, mientras la mitad de mi cuerpo ha aprovechado para jurar entre suspiros no volver a enfadarse.

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30 de mayo de 2007

Cuestión de orgullo

Cuando el comandante Scott bajó del boeing KC-135 envuelto en la bandera americana, sintió un enorme orgullo. Al sonar The Star Spangled Banner se estremeció y no pudo evitar que sus ojos se inundaran de lágrimas de emoción.
Los aplausos le hicieron recobrar la cordura, fue entonces cuando entre las cientos de personas que le esperaban, advirtió a una mujer enteramente vestida de negro que apenas se aguantaba de pie. Rápidamente se percató que se trataba de su viuda y los jóvenes que la sostenían sus hijos. Sintió un inmenso dolor y la angustia de la muerte. El comandante Scott, por primera vez fue consciente que la guerra no era un juego, y que el orgullo no compensaba el dolor... pero ya era tarde.
123 palabras

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21 de mayo de 2007

Buscándote

Un día te fuiste a buscar tabaco, de eso hace ya 9 años. Al principio me sentí muy triste. Durante 30 días estuve llorando noche y día, luego se me acabaron las lágrimas. Saqué fuerzas de flaqueza y salí a la calle, refugiada con mi pena, a buscarte.
Te busqué en los estancos, en los bares, en los clubs, en las discotecas, en los bingos, en los trenes, en los barcos... nunca había estado en tantos sitios, nunca había conocido tanta gente. Hice el amor con hombre y con mujeres, por si te habías transformado. Mi nueva vida adquirió un nuevo rumbo. Renuncié a mi trabajo, dejé de visitar a mi familia, huí de mis amigos... Bajo el pretexto de buscarte llené mi vida de un sinfín de historias, cuentos y fábulas.
Un día, cuando menos te esperaba te vi detrás de una barra,... No había duda, eras tu, llevabas un paquete de camel sin boquilla en el bolsillo de la camisa y conservabas intactas las patillas hasta la barbilla... corriendo me cambié de cera, me escondí entre los coches y casi de rodillas huí todo lo deprisa que pude...
Seguí buscándote procurando no pasar jamás por la puerta de aquel bar.
201 palabras

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7 de mayo de 2007

Miedo escénico

Caminaba por la cuerda floja erguido y seguro. Ponía un pie detrás del otro con la majestuosidad de un felino. Parecía su estado natural. Era como si hubiera caminado sobre aquella breve superficie y a 8 metros de altura toda la vida. Cuando escuchó la gran ovación del público, al volver sobre sus pasos, le temblaron por primera vez las piernas.
En sus declaraciones en el hospital dijo que lo que más temió era caer boca arriba puesto que en esta postura, el suelo queda muy lejos.
87 palabras

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24 de abril de 2007

El otro Sant Jordi

La rosa me miró con pétalos interrogantes. Cuando acerqué mi nariz para olerle la corola dialipétala, la flor estornudó salpicándome la cara de savia. Durante unos segundos nos miramos fijamente. Ella mis ojos negros, Yo sus pétalos rojos. Ella amenazante y defensiva, Yo sorprendida. Al tiempo sacó sus aguijones del tallo erecto pinchándome los dedos índice y pulgar. Yo increpé un gritito estúpido de dolor. Ella se asusto. Se erizaron sus hojas y hasta noté que levemente palidecieron sus rojos pétalos. Escondió entonces sus espinas. Dejé de presionar su tallo ... Me miró complaciente, la miré seductora y así estuvimos unos minutos. Posteriormente, con ternura, la metí en un florerillo con agua y una aspirina. Ahora más relajada, se inclinó hacía un lado buscando la complicidad de las espigas. Como un reo, espera resignada el día del “jardin final”.
139 palabras

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17 de abril de 2007

Hay primaveras y primaveras

Me cogió por sorpresa el día soleado y creo que eso fue lo que me hizo ir a contrapié. Pese a todo, intente recubrirme como pude de los rayos solares y el exceso de claridad. Lo mejor hubiera sido enterrar la cabeza entre las hojas secas, pero una sensación plomiza me impedía mover cualquier extremidad. Así que me quedé allí tumbada, bajo las sábanas de musgo de mi guarida, buscando algún rincón fresquito.

La luz dio paso al calor hasta llegar un momento que se hizo insoportable seguir allí dentro. Como digo, me levante con el pie cruzado y de esta guisa salí de la osera. Por supuesto me dolía hasta el último hueso de mi enorme cuerpo y es que estar todo el invierno hecho un ocho, en menos de un metro cuadrado, no es como para levantarse bailando jotas.

Saqué el hocico y vi el campo florecido y un gran Arbutus unedo, vamos lo que los humanos conocen como madroños. Esto me dio ánimos para despertar de mi letargo. Se me abrió el apetito. No deje un arbusto con fruto. Soy incapaz de recordar cuántas bolas me comí, solo recuerdo que de repente empezó a darme unos retortijones la panza que no podía ponerme a dos patas y casi a ras de suelo volví a la madriguera de donde no tenía que haber salido ¡ Qué mal ratito pasé ! Ya te dije que empecé con el pie cambiado. Con los retortijones estuve por lo menos tres días. No sé, igual estaban los madroños caducados... Con esto del cambio climático.

El tercer día, ya con los dolores menos intensos, intenté salir nuevamente de la osera. Al sacar la cabeza sentí un golpazo tremendo en la nuca que vi pajaritos alrededor de mi nariz durante más de diez minutos. Una maldita roca se había desprendido de la montaña en aquel preciso momento... esto es lo que yo llamo mala suerte. Dejé de ver los pajaritos para dar paso a las más absoluta oscuridad. Creo que estuve sin conocimiento casi una semana. Yo me daba por muerta. Cuando se me paso el mareo me arme de valor y decidí franquear nuevamente la entrada. Lo admito, tenía miedo. Mientras me decidía y no, un ratón con cara de pocos amigos me miraba desde la entrada retándome a salir. El pánico me paralizó y así estuve un par de días, por lo menos, hasta que el amenazante ratón, supongo, lo intentó con otra presa.

Finalmente a las dos semanas de mi primer intento, salí nuevamente de la osera. Con cuidado de no padecer nuevamente un empacho, y cubriéndome la cabeza con las garras, comí vegetales lentamente e intentando coger los más digestivos, mi hambre todavía no estaba saciada, cuando pasó un oso muy macho, feo y peludo ya lo dice el dicho “el hombre y eso cuanto más feo más hermoso”, pues este era hermosísimo de feo que era... con sus ojazos negros y sus andares de galán de cine... me sedujo al instante... cuando con un gruñido sensual me dijo ... ¿Dónde vas con ese culazo morenaza? No tuve dudas en acompañarle a su osera de amor. Durante 9 días y 9 noches consumamos nuestra pasión. El décimo día el oso me abandonó dejándome desolada y preñada. Todos los osos son iguales.

Casi un mes estuve con náuseas, vómitos matutinos y mareos. Salía por la mañana un rato a recolectar algo que echarme a la boca y rápidamente regresaba a la cabaña del padre de mis osos a tumbarme y olvidarme del mundo osil.

Entre arcada y mareo pasó por lo menos un par de meses. Cuando quise darme cuenta empezaron a caer las primeras nieves otoñales y tuve que ponerme precipitadamente adecuar una nueva osera para pasar el invierno.

Y llegó el invierno y las grandes nevadas. Aquí estoy con insomnio, con hambre, con frío... entre una cosa y otra no he hecho la reserva de grasa que ahora necesito... y estos ositos no hacen más que moverse en la tripa.
Ya lo decía mi madre, hay primaveras que una no debiera despertar.

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2 de abril de 2007

Los vasos

Un día el vaso Medio Lleno le dijo apesadumbrado y triste a su hermano, el vaso Medio Vacío, que estaba harto de ser el ejemplo de optimismo, de convicción, de fe , que no soportaba más esa responsabilidad. Que sabía que todo iba acabar mal y cualquier día se le caería lo que le quedaba de líquido. Quería ser como su hermano, un vaso medio vacío, pasar desapercibido.
El vaso Medio Vacío río divertido como era propio en él, y con ese carácter alegre y divertido que todo el mundo desconocía le dijo:
-Tranquilo, tu y yo sabemos la verdad y eso nos tiene que bastar. Por más que intentara demostrar que yo soy el vaso Medio Lleno, la gente me vería Medio Vacío... como cuando la Cigarra sacrificó el verano almacenando provisiones para el invierno y la hormiga se adjudicó el triunfo, por más que la Cigarra intentó demostrar la verdad, nadie le creyó.

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16 de marzo de 2007

La viuda negra

La viuda negra llevaba tantos años viuda que no recordaba cuántos, pero debían ser muchos porque todo el mundo la reconocía por la calle como la viuda negra. De hecho ni siquiera recordaban su nombre, ni recordaba el nombre de la persona por la que vestía aquel atuendo negro. A veces dudaba incluso haber estado casada.

La gente la trataba con especial cariño. Le hablaban con ternura, le acompañaban los días de tormenta, le traían carbón los días de invierno, agua fresca en el cántaro los días de calor. En primavera le ofrecían las manzanas dulces recién cogidas. En otoño las castañas más sabrosas. En otoño caramelos de miel para la tos y una vez al año un delicioso pastel de cumpleaños. Era así como los vecinos limpiaban su alma y su conciencia pecaminosa y como la viuda se acostumbró y acomodó a los favores de ser la viuda negra.

Pero esa mañana, con la reflexión única de la vejez, la viuda, concibió que todo aquello no había sido suficiente para colmar su vida.
Añoró con quién compartir las noches de insomnio, con quién bailar en las fiestas del pueblo, a quién abrazar las mañanas frías, a quién cuidar los días de enfermedad.
Le faltaban los hijos que nunca tuvo, le falto los nietos a quién contarle los cuentos que le había contado su madre.

Inmersa en este pensamiento vino a su mente Federico, ese hombre amable y educado que desde hacía más de diez años, diariamente la esperaba en la puerta de casa y le acompañaba a lavar la ropa, aquel hombre que esperó una señal para entrar en su casa, que pacientemente esperó a que ella se despojara de sus vestiduras negras... Con la misma discreción que vino, Federico se marchó.

Fue entonces cuando la viuda negra comprendió el daño que le hizo no haberse quitado el luto por miedo al “qué dirá la gente”.

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12 de marzo de 2007

Revelión en el bosque

El día menos pensado me quito esta maldita Capa Roja, busco una ecuatoriana para que se haga cargo de mi abuela, contrato al carpintero para que me haga un cayuco y me fugo con el lobo a una tribu africana a tocar el jambé. Ya estoy harta de vivir en el bosque, de ser esa niña atontada e inocente que confunde un lobo con un gorrito de noche con su abuela ¡ pero vamos, en qué estaría pensando el idiota de Charles Perrault !... ese tipo estaba fatal de los suyo... y subestimarme de esa manera. ¡ Qué me largo! ¡ qué ya estoy harta de tanta moralinas e hipocresías! Las niñas de hoy día se maquillan más que sus madres, llevan tacones de doce centímetros, enseñan el tanga, fuman cigarrillos liados y no solo saben que los niños no vienen de París, ni los trae las cigüeñas sino que en sus bolsos llevan preservativos para evitar embarazos indeseados... y yo con esta absurda Capa Roja disfrazada de menstruación... además que caray, que tengo más años que la puerta de una pirámide. Una tiene que madurar y saber crecer no me vaya a pasar como a Joselito el Ruiseñor.

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28 de febrero de 2007

El gato con botas

El gato con botas decidió prescindir aquella tarde de sus inseparables botines. Se calzó unas zapatillas deportivas negras, se vistió la camiseta de la cadavera y se adornó con cadenas y colgantes. Hasta media noche estuvo metido en aquella discoteca, bailando música siniestra y vacilando a las ratitas presumidas. Antes de que la carroza se convirtiera en calabaza, regresó a su casa para calzarse nuevamente sus botas. Tenía que seguir viviendo de su cuento.

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26 de febrero de 2007

Revelación inconfesable

El Coco y el Hombre del saco salieron aquella noche de Reyes a tomar unos tragos. Era la única noche del año que tenían fiesta puesto que su trabajo de encargarse que los niños se fueran a la cama, lo realizaban los Reyes Magos. Tras unas cuantas copas de más, salieron de la taberna berreando populares cánticos que increparon al vecindario. El chirrido de la persiana de una ventanas anunciaba mal presagio. La voz sonó como un estruendo en la noche: “Dormiros ya, o vendrán los niños y os comerán”.
Sobrecogidos de terror, El Coco y el Hombre del Saco corrieron a esconderse, sin hasta la fecha, atreverse a salir de su escondrijo.

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8 de febrero de 2007

La otra Caperucita

Anoche anduve repasando el cuento Caperucita Roja políticamente correcta de James Finn Garner... verdaderamente tiene parajes memorables.

... “Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí.
Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.
-¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.
El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.
-¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre? “...

Y el final sublime:

..."Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre”.

Cuanto tendrían que aprender algunas caperucitas.

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2 de febrero de 2007

El origen de las razas

He estado investigando sobre el origen de las razas, porque era una cosa que me tenía muy intrigada. Estoy segura que vosotros, como yo, que sois gente muy curiosa, también os despertáis cada mañana con esta importuna pregunta ¿Cómo se originaron las razas? Pues bien, por fin vais a poder dormir tranquilos porque he hallado la respuesta en una leyenda indígena colombiana que yo me he permitido retocar un poquito en la forma pero por supuesto he respetado el fondo:
Los indígenas cuentan que existía un río de leche allí muy arribita de la montaña donde pastaban las vacas. Entonces todos los seres humanos conocidos eran negros.
Un día, un grupo de cantantes de Hospel que estaban de excursión por la zona, al descubrir el río, se acercaron y curiosos se bañaron en el. Al salir, su piel había perdido el tono original y se mostraba blanca. Así se creo la raza blanca y los cantantes formaron un grupo de Capela. Al retirarse, las aguas del río habían perdido su tono original adquiriendo un color amarillento.
Otro día, un grupo de japoneses negros despistado, que se habían perdido haciendo turismo, encontraron el río amarillento. Como hacía mucho calor y no había más opción, decidieron bañarse en el río. Así fue como se creo la raza amarilla. Al retirarse, el agua se encontraba con un tono leche con cacao.
Dos día más tarde, unos indios americanos que jugaban a indios y soldados (todos negros) tropezaron con el río de leche con cacao. Emulando la lucha, se revolcaron divertidos por el río. Cuando se cansaron salieron del río con la piel un poco más aclarada. Se creo así la raza indígena. Con la algarabía de los indígenas y soldados, el agua del río mermo hasta casi desaparecer.
Por último un grupo de negros que llegaron hasta allí huyendo de unos tipos rarísimos blancos, empeñados en robarle sus collares y convertirlos en sus esclavos, encontraron el escaso río de leche que todavía mantenía un leve tono blancuzco.En el intento por aclarar sus pieles para despistar a los blancos, rápidamente se introdujeron en el río, pero como eran muchos y muy poca la leche, solo alcanzó para sumergir la planta de los pies y las palmas de las manos. Fue así como se mantuvo la raza negra.

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30 de enero de 2007

Taller de narración

El sábado empecé el Taller de narración oral que he bautizado En femenino plural porque somos todas mujeres. Concretamente once. Lideradas por Numancia Rojas empezamos la aventura de contar cuentos. La primera impresión ha sido muy buena porque las chicas, a priori, emergen buen rollito y muchas ganas de aprender y trabajar. Es un grupo muy diverso (varias profesoras, trabajadoras social, una actriz italiana, alguna madre, una comercial) cosa que me gusta mucho porque dicen que en la variedad hay para todos los gustos. Por otro lado Numancia es una mujer que se nota tiene muchas cosas que contar (no en vano vive del cuento) y que enseñar. En definitiva estoy seducida con esta nueva aventura e instituyo que lo voy a pasar bien y quien sabe si algún día también yo vivo del cuento.

Os invito a conocer el blog de las nuevas narradoras.
Cuento de Rebeca

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27 de noviembre de 2006

La otra bella durmiente

Había una vez una joven princesa que a causa del maleficio de una bruja envidiosa, estuvo durmiendo en el bosque durante casi cien años.

Al término del siglo, un príncipe apuesto que paseaba por el frondoso bosque a lomos de su caballo, vio el castillo donde habitaba la muchacha. El soberano que era muy curioso, al ver el portón abierto entró y recorrió todas los aposentos de la fortaleza. En una de las habitaciones, encontró a la bella princesa que dormía completamente desnuda sobre un camastro de hierro forjado, arropada con una sábana roja de seda.

La joven era hermosísima: La piel blanca y tersa, como es propio en las princesas, melena negra y lisa, cara reluciente de gesto tierno, pechos redondos, menudos y firmes, vientre liso, vello púbico rizado y abundante, piernas estilizadas y un delicioso olor a heno fresco...

El príncipe, sorprendido, se quedó largo rato observándola. Cuando por fin reaccionó le susurró al oído : "¡Despertad! ¡Despertad bella durmiente !", pero la princesa no se inmutó. Inquietado, se acercó un poco más a la muchacha, le tomó la mano y delicadamente la besó... no reacciono. Entonces decidió besarle la boca.

Al sentir la barba del príncipe en la mejilla y una lengua fresca dentro de su boca, empezó a desperezarse. El chico retrocedió asustado.
Por fin abrió los ojos y ante ella unos enormes ojos azules la miraban como si de un fantasma se tratara.

La princesa incorporándose en la cama miraba curiosa al apuesto príncipe. De repente sintió un hormigueo entre las piernas. Hizo una señal para que el muchacho se acercara. Tímidamente se aproximó. Ella le cogió la mano y se la llevo entre sus piernas haciéndole tocar su sexo para que percibiera la humedad que emergía.

- Acaríciame, le musitó ella, hace mucho tiempo que os esperaba en mis sueños ..

El príncipe aturdido, dejó paralizada la mano en la parte más íntima de la princesa. Ella le besó tiernamente en la boca y le acarició el pelo. Él se fue relajando y como por inercia acarició torpemente los pechos de la chica, mientras ella le guiaba la otra mano.

A los cinco minutos, tal vez por un exceso de excitación o por falta de experiencia, el príncipe había consumado su episodio amoroso.
Por mucho que ella puso de su parte fue imposible recuperar la erección y ante la falta de creatividad e imaginación de ambos, el acto finalizó en un rotundo fracaso.

Fatigado se quedó dormido y la princesa, hastía de pernoctar y decepcionada de su amante, se visitó con la ropa del infante, cogió su caballo y se marcho en busca de un trabajo y una vivienda digna, que ante la inminente llegada de la republica, la monarquía no pintaba rentable.

Toda la población le abucheó y desaprobó. La desterraron de la aldea por no casarse con el príncipe y la acusaron de "calienta braguetas" y subversiva por haber manipulado el cuento.

La princesa hizo oídos sordos y se fue a la capital a buscar la felicidad.
Quién sabe si un buen día encontró a su auténtico príncipe azul o a su princesa rosa fueron felices y comieron perdices

..

MORALEJA:

.

Aguardar un tiempo para hallar la pareja ideal,
acomodada, apuesta y cariñosa
puede parecer normal,
pero aguardarla cien años en calidad de durmiente,
¡ hay que ser una persona muy paciente !


Si después de la espera el consorte no conviene
porque es un inepto o un lerdo en el amor,
Mejor salir corriendo y entregar a otro tu pasión
Que las fábulas están muy cambiadas,
Y ni los príncipes son tan heroicos
Ni las princesas tan dóciles ni delicadas.


Aunque el pueblo monte en cólera y critiquen
ha llegado el día que las princesas también deciden,
Si no conviene o no hay entendimiento
Ellas no tienen miedo de cambiar el cuento.

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