Cuestión de orgullo

Los aplausos le hicieron recobrar la cordura, fue entonces cuando entre las cientos de personas que le esperaban, advirtió a una mujer enteramente vestida de negro que apenas se aguantaba de pie. Rápidamente se percató que se trataba de su viuda y los jóvenes que la sostenían sus hijos. Sintió un inmenso dolor y la angustia de la muerte. El comandante Scott, por primera vez fue consciente que la guerra no era un juego, y que el orgullo no compensaba el dolor... pero ya era tarde.
123 palabras
Etiquetas: cuentos
4 comentarios:
Genial!
Hoy no dejas margen a la continuidad ni al final, queda todo dicho y finiquitado...
La guerra unicamente compensa a unos pocos que se forran, los demás son o somos todos víctimas...
Petonets.
Molt bó. gràcies.
Estos son los otros ¡¡¡
ptosn
una de las cosas que nos diferencia de las bestias es el que ellas no saben organizar una guerra
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